Cosas a las que antes no prestaba atención, ocupan ahora una parte importante de mi tiempo.
Sé de lo que hablo pero a la misma vez no entiendo nada.
Y se preguntarán... ¿por qué? Porque todo aquello que empieza bien no tiene por qué terminar...
Caminamos, avanzamos, continuamos hacia adelante... ¿Pero hasta dónde? ¿Dónde nos paramos? ¿Es éste el sendero que realmente queremos? Sí, todas ellas tienen respuesta. Quizás sea un poco difícil de ver, pero fácil de sentir y percibir para aquella persona elegida.
La respuesta, una frase: no mires hacia atrás, no mires donde has caído, sólo mira a tu lado. Una chica que no hace otra cosa más que mirarte con esos ojos brillantes, y pensando ¿Cuándo ha sido el momento en que ha cambiado mi suerte y lo he conocido?
Es una historia con final abierto, él y ella son los que van a crear su propia historia e irla alimentando poco a poco de momentos dulces, amargos y de todos aquellos que vayan apareciendo... ¿De eso se trata no?
Dedicado a ti pequeña, que aunque no lo leas porque no sabes de este blog, de verdad que quiero que esta historia, sea por fin, TU historia. Porque te lo mereces. =)
En fin, día tonto.
:) =)
Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así que nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir: 'buenos días', nuestro hombre le grita furioso:
'¡Quédese usted con su martillo, so penco!'.
Del libro "El arte de amargarse la vida".
Y es que a veces, nos gusta complicarnos y comernos la cabeza.